Dejándonos Caer por la Gravedad
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Ojala se muera ese desgraciado… daría lo que fuera por partirle la cara a ese idiota… cómo a esa estúpida no la parte un rayo… frases fuertes ¿verdad? Pero lo cierto es que frases como estás las escuchamos con frecuencia en la calle y seguramente en algún momento nos hemos preguntado ¿Por qué hay tanta violencia? La respuesta tal vez la encontremos en la influencia de la fuerza de gravedad…Tranquilo(a), no me refiero a la teoría newtoniana aplicada a algunas partes del cuerpo a partir de cierta edad. Realmente cuando hablo de “fuerza de gravedad” me refiero a un simil donde veo que la misma “facilidad” con que la fuerza de atracción hace que caigan los objetos al suelo, se presenta en la caída de nuestras interpretaciones de la realidad en el terreno de nuestra propia lógica inflexible, especialmente cuando tenemos presiones externas, verbigracia de un país que ustedes conocen.
Es así como por fuerza de gravedad siempre será más fácil ver las cosas únicamente desde nuestro punto de vista y difícil será ir en contra de esa fuerza, para interpretar las situaciones de otras maneras. Ahora bien ¿Cuál es el beneficio de ir en contra de nuestra propia corriente, si es mucho más reconfortante para mi ego -cuando las cosas salen mal- pensar que todos los demás son unos idiotas incomprensivos o incapaces de entender las cosas como son, es decir, como las veo yo? Las palabras claves son cambio positivo, evolución y desarrollo…
Remitiéndonos a la realidad, sería interesante que te preguntaras ¿Alguna vez le has tocado la corneta del carro (claxon) como loco(a) a alguien que se tardó un cuarto de segundo en arrancar al cambiar el semáforo? Probablemente si… Pues claro, la gravedad dice: ¡Este estúpido me está haciendo llegar tarde! y por ello aprietas el centro del volante con tanta fuerza que pareciera que en tu inconsciente (tipo Ally McBeal) quisieras que se transformara en una metralleta de misiles que eliminaran el carro de enfrente para poder pasar más rápido.
Una vez terminado el episodio llegas a tu destino desde lo fácil, es decir, molesto(a) por la cantidad de “idiotas” que se tardan un cuarto de segundo en arrancar en cada semáforo, en lugar de hacerlo desde lo difícil, es decir, saltando de la cama a la hora que suena el reloj para no pasar estrés, en vez de pasar esos 5 minutos más debajo de la cobija, que por arte de magia se transformaron en 45.
Por lo general, la violencia comienza cuando sentimos desde lo fácil, que nuestras penas son causadas “permanentemente” por terceros. Pero la verdad es que vivimos muchas frustraciones en nuestra vida por falta de planificación, por actitudes inflexibles, por falta de constancia, a veces por falta de humildad para aprender de otros, por aquello que no decimos, pero fundamentalmente por falta de creatividad para reinventar la manera hacer las cosas o falta de responsabilidad para asumir nuestra cuota.
Es por ello que ante la más mínima acción que escapa de nuestro control ¿qué es lo más fácil? dejarse caer por la fuerza de gravedad: estallando y atacando al otro.
Una vez un niño de 10 años preguntó. -”Mami ¿Cómo empezó la guerra de Irak?” -Bueno hijo, las guerras empiezan por muchas razones, pero esta en particular arrancó porque el antiguo presidente de Estados Unidos es un invasor que pretendía apoderarse del petróleo Irakí. En eso responde el papá que leía el periódico: -¿Qué ridiculeces son esas? La guerra comenzó porque ese psicópata de Irak era un terrorista, que escondió armas químicas para acabar con la humanidad y los gringos nos estaban haciendo el favor de cuidarnos. En eso responde la madre: -¡Qué raro! tú como siempre justificando la violencia ¿verdad? -¿Y túuuuuu? que con esas estúpidas ideas le llenas la cabeza de basura al muchacho – ¿Siiiiii???? y tú, que no haces más que darle malos ejemplos, peazo e´ flojo. En eso comienza una lluvia de gritos e insultos de lado y lado, entre papá y mamá. Al cabo de cinco minutos el niño dice: Gracias, me voy a jugar, ya entendí como empezó la guerra…
Caer en violencia es muy fácil, basta dejarse llevar por la fuerza de gravedad de nuestra lógica e interpretar que las acciones de los demás siempre vienen con mala intención cuando la verdad es que no siempre el otro nos afecta porque flagrantemente quiere hacerlo. Sus acciones pueden estar matizadas de ignorancia, descuido, flojera o sencillamente no se dan cuenta, pero sabes que es lo más cómico… que nosotros también hemos eventualmente perjudicado a otros por las mismas razones y no necesariamente con intención.
“Para muestra un botón”, a principios de este 2009 en el Clásico Mundial de Béisbol, durante la participación de Venezuela, fue altamente noticioso el abucheo recibido por el pelotero Maglio Ordóñez, por parte de los paisanos que fueron a respaldar al equipo venezolano.
En verdad, fue sorprendente para los comentaristas deportivos internacionales, observar atónitos como cada vez que salió al plato el campeón de bateo de la liga americana en el 2007, sus propios compatriotas fueran capaces de celebrar sus fracasos al bate y contribuir a sacarle de concentración con consignas, algunas verdaderamente soecez, debido al respaldo que este pelotero dio al al gobierno de Venezuela en fechas previas al inicio del clásico.
Yo me preguntaba, pero ¿Es que no se dan cuenta que cada ponche de un buen bateador venezolano es una oportunidad que le damos al otro equipo? ¿Significa que Maglio es el culpable de los problemas que vive el país? ¿Deja de tener valor como atleta por haber manifestado una opinión personal? ¿Es más importante que se “j…” el equipo de Venezuela, siempre y cuando se pueda expresar mi descontento político”?
Creo que la “fuerza de gravedad” en la mente de los fanáticos hizo nuevamente de las suyas en este partido, lamentablemente la gente volcó su rabia y su disgusto por su visión de la situación-país de Venezuela, ante alguien que para ellos representa al “enemigo” sin detenerse a pensar que con esta actitud no mejoran en nada las circunstancias políticas de su país y por el contrario sí afectaron el desempeño de un compatriota y por supuesto de nuestro equipo y nuestra imagen como gentilicio a nivel internacional.
Pareciera ser un ejemplo aislado, pero he visto padres divorciarse y como los niños deciden quedarse con el/la ex, deciden no ir a actos que para los niños son importantes. Colaboradores que no reciben un reconocimiento y comienzan a sabotear de alguna manera a su empresa o peor aún, vecinos que por no estar de acuerdo con la junta de condominio, son capaces de dañar el ascensor de su propio edificio… ¿Tiene lógica?
De cualquier manera, cambiar el mundo con un parpadear es una quimera, pero es seguro que cuando empezamos a ver otros puntos de vista y emprendemos acciones diferentes para canalizar nuestra propia “fuerza de gravedad mental”, nos volvemos más tolerantes, comienza a cambiar nuestro estado de ánimo, nuestras negociaciones diarias y probablemente inspiraremos a otros para hacerlo también.
No abogo por la evitación de los conflictos, pues creo que cuando estamos siendo abusados en cualquier contexto, debemos poner los límites necesarios. Ahora de allí a andar por la vida como un tanque armado, ante todo y todos no es productivo. He ahí la gran diferencia entre conflicto y conflictividad.
Recuerda que con frecuencia juegas a ser “verdugo” de otros, casualmente con aquellas situaciones en las que también te has sentido víctima. Como dice un personaje admirable, en un libro que ya conoces… “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.
Nos vemos en cada sueño por crear…
Lic. Gabriel Ruda – Director
Consorcio Pasos Inc








