¿Docentesaurios o facilitadores Dinámicos?
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Son las siete de la mañana de un lunes 18 de septiembre de 1994 y ayer finalizaron dos meses de vacaciones luego de la graduación de bachiller. Sentado en un pupitre similar al del liceo, un ligero vacío corre por todo mi sistema digestivo, mezclando el hambre con la expectativa creada de que “universidad” es indivisible de dificultad. Entra la profesora y comienza a comentar el plan del semestre, todo va bien hasta que dice: “muy bien, entremos en materia, hoy vamos a hablar acerca de “los obstáculos epistemológicos en los estudio ontológicos, gnoseológicos y dialécticos del hombre…”.
Me quedé atónito, oyendo tantas palabras inexistentes en mi léxico adolescente, a la vez que sentía como se desvanecía mi ego de buen estudiante liceísta ante mi desproporcionada capacidad de atender la clase y entenderla. Volteo mi mirada alrededor y al ver a la gente tomando notas desesperadas me pregunté: ¿será que me embrutecí durante las vacaciones?…
Afortunadamente no fuí el único en las mismas condiciones y al final, entre duras lecturas y miedo al fracaso aprobé, no obstante años después al recordar el episodio más allá de la anécdota, encuentro un valor mejor a mi vida profesional, y es que en educación no es suficiente un doctorado académico o autodidacta, si la técnica no se adapta a la audiencia, no permite que el mensaje se entienda y no logra inspirar a quien escucha para aprender.
La realidad del mercado laboral se suma a esta premisa y hoy las empresas no quieren profesionales de “conocimientos” sino de sabiduría, es decir: que sepan (conocimiento teórico), que sepan cómo aplicarlo fácilmente (experiencia) y lo hagan cada vez más rápido (destreza y creatividad). Razón evidenciada en lo vertiginoso que cambia todo y por supuesto en estudios de autores como Peter Drucker (autoridad mundial en competitividad) y cientos de revistas especializadas, que reconfirman que ya no serán las naciones y las organizaciones más grandes las poderosas, sino las más rápidas en aprender y crear valor de manera práctica y creativa, tal como ocurre con el súper nombrado Japón.
Por ello, como conferencista regular en organizaciones, cada día más cautivan mi atención las ideas que buscan transformar el conocimiento en seductoras iniciativas que muevan la voluntad de la gente a actuar, pensar, cuestionarse o expandir lo que reciben, aún cuando se trate de temas complejos. Así constantemente me pregunto, si gran parte de la responsabilidad de desarrollar competitividad raudamente en otros, está en el docente
¿Cómo se puede transformar al Docente actual en un facilitador dinámico, congruente con las nuevas exigencias del entorno, que sea capaz de movilizar la energía de su audiencia para actuar más allá de una calificación académica o de una exigencia laboral y que pueda ayudar a transformar esas viejas aversiones dejadas por la educación del pasado en deseos permanentes de aprender?.
Son muchas las propuestas a nivel mundial, pero el problema no está en las respuestas disponibles, sino en la resistencia al cambio de un sistema educativo, con representantes que aún creen que excelentes ideas teóricas, técnicas unidireccionales de presentación y coacción, enseñan mejor que iniciativas compartidas y hasta lúdicas para estimular al oyente a comprometerse con aprender y aplicar”.
De esta manera, el primer reto está en dejar atrás (sin desmeritar el camino iniciado por algunos), la concepción del aprendizaje como una relación profesor – alumno “donde se asume” que el primero sabe y el segundo no, donde se cree que la diversión es un asunto sólo para los recesos y la seriedad para los salones, el método es estándar para todos y el fin último del alumno siempre será obtener la mejor evaluación en lugar de un aprendizaje permanente.
Según muchos autores de la actual corriente del “aprendizaje dinámico acelerado”, para superar este reto será necesario, dejar de hablar de Docentes y cambiar la etiqueta por la de facilitador, pues su rol más que enseñar es facilitar escenarios físicos, interpersonales y teóricos más óptimos, dar ejemplos, símiles, anécdotas y experiencias más ilustrativas, apoyarse en recursos audiovisuales novedosos y tomar el “testigo” de la envestidura egocéntrica del educador, para entregársela al mensaje como principal protagonista.
Modificar la palabra estudiante por socios de aprendizaje, debido a que la persona que aprende hoy está más actualizada, es más crítica y aporta experiencias o ideas que son de valor para sus homólogos y para el mismo facilitador. Y llevar la clase a una denominación de experiencia de aprendizaje, pues su mecánica es más bidireccional, dinámica, participativa, lúdica, creadora y recreadora del ser humano integral y no sólo del racional, es más hasta puede ser divertida, pues tal como lo menciona Bill Potter “el aprendizaje es directamente proporcional a la diversión que se tiene”.
La realidad social le anuncia a aquellos docentes reacios a cambiar, que pronto serán “violados”, por los ineludibles cambios que generarán con su actitud, las nuevas generaciones cada vez más tecnificadas, exigentes, competitivas, precoces, audiovisuales e irreverentes. Así, para entender la necesidad de un cambio inminente, bastará con encender la televisión e imaginarse a un(a) estudiante viendo a grandes empresarios como Bill Gates (Microsoft), Jeff Bezos (Amazon.com), Ted Turner (CNN), deportistas como Kobe Bryant, Serena Williams y artistas como Madonna o Britney Spears nadando en grandes sumas de dinero habiendo a penas culminado la escuela secundaria, mientras el televidente se pregunta ¿y para que diablos tengo que pasar por tantos “sufrimientos mentales” en la escuela si yo quiero llegar a donde ellos están y ellos no los necesitaron…?
Las nociones psicológicas básicas de mercadeo, dicen que la gente se acerca al placer y se aleja del dolor, por ello cuando un producto se asocia con placer no se vende, se despacha solo. (Si no fuera así, las vallas no se adornarían con cuerpos esculturales semi vestidos). Desde esa idea, los docentes actuales deberían preguntarse ¿cómo puedo hacer más atractiva la venta de mi mensaje? (claro sin extrapolar literalmente los cuerpos esculturales al salón). En primer lugar, aceptando que las exigencias del mundo laboral actual son diferentes, los tiempos para formar a la gente son menores, los ritmos atencionales a nivel psicológico han cambiado hasta tal punto que hoy se habla de intervalos de 8 minutos en vez de 45, ya que son los tiempos que duran los programas televisivos entre comerciales, y que los reportes verbales y gestuales (con bostezos) de la gente evidencian una avidez social y organizacional de recibir nuevas maneras de ser impactados para aprender y lograr retener la información.
Hay grandes ideales con costosas inversiones en ayudas audiovisuales para vender mejor los mensajes (verbigracias la televisión), sin embargo, es inexorable que hay limitaciones económicas en la formación de esos facilitadores. En ese sentido, la Sociedad Americana de Entrenamiento y Desarrollo (ASTD), plantea que el facilitador de la actualidad, a pesar de las atenuantes de recursos siempre podrá (y deberá) hacer del aprendizaje algo creativo y estimulante variando su teoría con recursos lingüísticos como la metáfora, el humor, la anécdota, la cita, las historias, las narrativas; alimentar sus recursos visuales, al emplear imágenes, dibujos, recortes, trazos, juguetes, símiles, visualizaciones, etc; movilizar la energía con recursos grupales, como interacciones de la gente entre sí, discusiones, representaciones histriónicas asociadas al tema, presentaciones orales del grupo y hacer novedosa la jornada con recursos didácticos para cerrar el aprendizaje como rompecabezas, sopas de letras, canciones, resúmenes acompañados de música, dinámicas y definitivamente hacer más provechoso el aprendizaje tomando prestada la atención del estudiante con rupturas temporales o temáticas, para lograr asociar el tema a situaciones de su interés..
Los niños dicen que si vas a un parque de diversiones y no te montas a ninguno de los aparatos, es como si no hubieses ido. El símil es que según las estadísticas, un estudiante recuerda a los 30 días sólo el 10% de la información que escuchó, 30% de la información que anotó y 70% de aquello en lo que participó.
El objetivo final del facilitador dinámico, será lograr que la gente viva una experiencia integral, que con los recursos propuestos despierte sus emociones positivas, decidiendo aprender y aplicar. Con ello no sólo se logrará reducir los tiempos de aprendizaje, se humaniza el proceso de aprender, se minimiza la deserción/frustración y se crean visiones inspiradoras de la realidad, sino que además el facilitador suelta la presión de inequívoco y el disfrute se hace parte también de quien dirige el aprendizaje. Cuando en la antigüedad Cicerón hablaba, los oyentes lo ovacionaban y decían ¡Qué bien habla! , cuando terminaba Demóstenes, la gente exclamaba ¡en marcha!, así que vamos es el momento de facilitar el crecimiento del futuro y auto facilitarse el trabajo.
Lic. Gabriel Ruda Pino – Conferencista internacional








